Dakota regresó a la villa unas horas después. Estaba sentada en la sala junto a los gemelos.
—Aquí están los consentidos del abuelo —dijo Stavros—. ¿Cómo estás, hija?
—Muy bien, agradecida de la ayuda extra que tengo. ¿Cómo está todo por aquí? He pasado tiempo encerrada en mi mundo.
—Muy bien,