Días después, mientras desayunaban, Alekos comenzó a golpear el plato con la cucharita.
—Tengo algo que comunicarles a todos —dijo Alekos, muy serio.
—¿Pasa algo? Te ves preocupado —preguntó Penélope.
—Tengo su atención, gracias —dijo Alekos. Todos lo miraban expectantes; Dakota estaba en sile