Penélope lo miraba; no podía creer que estuviera ahí.
—¿Cómo entraste? —preguntó ella.
—Tengo una invitación. Espero que no te moleste mi presencia —respondió Christopher.
—No me molesta. Gracias por venir. Además, has contribuido con la subasta. Gracias… seguramente Dakota se pondrá muy conte