Stavros miraba a su hija. Se la veía contenta, con su nuevo look. Parecía otra mujer. Había subido unos kilos; se veía realmente preciosa. Siempre había estado muy flaca.
Entraron el cuadro que Penélope había pintado para su hermano. Estaba envuelto.—Le pinté un cuadro a Alekos —dijo Penélope, muy