—Si sigo con la terapia del chocolate, saldré rodando —dijo Penélope.
—No te vendrían mal unos kilitos de más —le dijo Dakota A su entender, Penélope debía pesar un poco más.
—¡Mamá, mamá, me llamó papá! —le gritó Irina en cuanto vio a su madre. Ella la abrazó.
—¿Alekos llamó? —preguntó Dakota