La oscuridad de la noche se había asentado sobre la ciudad, pero la luz en la sala de operaciones seguía iluminando los rostros de los hombres y mujeres que trabajaban en las sombras, intentando descifrar las piezas del rompecabezas que se tejía. Iván no podía apartar la mirada de la pantalla, su mente procesando la información que había recibido. Elisa había lanzado la primera piedra, pero ¿cuánto sabría ella realmente? El mensaje que había recibido no era solo una advertencia, era un desafío.