La madrugada estaba en su apogeo cuando Natalia se encontró frente a las puertas de la mansión Montalvo una vez más. El aire fresco acariciaba su rostro, pero dentro de ella no había frescura, solo calor. Un calor ardiente que provenía de la furia y el deseo de venganza que había estado cultivando durante años, desde que todo su mundo se desmoronó ante sus ojos. Sabía que el camino que había elegido no tenía vuelta atrás. No podía volver a la vida que había dejado atrás, ni siquiera si lo quisi