La mansión donde se llevaba a cabo la reunión estaba rodeada de árboles altos y oscuros, cuya silueta parecía aumentar el aire de misterio que la envolvía. Las luces brillaban intensamente desde el interior, mientras los murmullos de los invitados llegaban a Natalia como ecos distantes. La música suave, casi imperceptible, se fusionaba con las conversaciones animadas, creando una atmósfera de sofisticación y tensión que solo los que conocían el mundo de Raúl Montalvo podían comprender a fondo.