CAPITULO XXX

Estiven deslizó con delicadeza a Anastasia sobre la cama como de costumbre, desgarrando el hilo de su camisa para quedar en brasier dejando suaves besos en el cuello; mientras agarraba sus senos causando gemidos brindando placer; aunque Anastasia sabía de sus sentimientos eternos por su amor de cristal igual estaba dispuesta a disfrutar con él todo el tiempo que Dios o el destino les permitiera, porque encontraba en Estiven un refugio ante su desgracia; era difícil olvidar y pasar la página cua
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