¡Joder! No era mi intención asustarla. No quería perder el control y besarla así. Pero, en cuanto probé ese delicioso sabor a naranja y jengibre de sus labios, me perdí en ella. Y entonces, cuando gimió, aferrándose a mí como si yo fuera su salvavidas, no quise otra cosa que agarrarla, reclamarla como mi pareja, dejar mi marca en su cuello para que todo el mundo supiera que era mía.
‘Al menos olerá como nosotros durante uno o dos días más', dice Donovan.
‘No ayuda si no quiere hablar con nosot