A pesar de lo contenta que estaba de que fuera viernes, me aterrorizaba la idea de otra exhibición pública de voluntades entre alfas. Sólo podía esperar que mi oferta a Liam de entrenamiento y cena lo ayudara a sentirse lo suficientemente tranquilo como para no presentarse hoy de nuevo en la escuela.
Cuando llegó la hora del almuerzo, estaba nerviosísima. No sólo todo el mundo, y me refiero a TODO el mundo en la escuela, estaba hablando de lo que pasó ayer (incluso dos profesores me preguntaron