Empiezo a darme cuenta de que este hombre no sólo ha estado solo toda su vida, sino que, aparte del padre de Dustin, que en realidad sólo le enseñaba a asumir las responsabilidades de la manada, nunca ha tenido a nadie que le mostrara amor o afecto.
Cuando termino, dejo a un lado las tijeras y el peine. Me inclino hacia él, le paso los dedos por el pelo, le rozo las cejas con los pulgares, bajo hasta los párpados y llego a sus labios. Le rozo suavemente los labios con los dedos y él los besa.