AMELIA LEAL
Me estremezco bajo la mirada acusadora de Aurora, sintiéndome como la fruta podrida en el árbol otra vez, el ladrillo fuera de lugar, el hijo bastardo del que nadie quiere ser amigo.
La copa descartada.
El peón en su juego.
Aparto el celular que Aurora aún sostiene cerca de mi rostro y me prohíbo llorar frente a ella.
No sé qué pasa por tu cabeza en ese momento exacto, sin embargo, puedo decir por tus expresiones que no son los pensamientos más correctos. Podría explicarle todo a mi