HENRICO ZATTANI
Todo ese momento y pensé que el bastardo era solo un cretino travieso.
—¡Qué carajo! Golpeo mi puño contra el volante, lo suficientemente irritado como para romperle la cara a la pequeña m****a de un solo golpe.
—Necesitas calmarte, hombre. — gruñe Guilhermino a mi lado, agarrándose con fuerza a su asiento.
No tengo tiempo para calmarme, de hecho quiero guardar todo mi enfado para cuando me lo encuentre.
—El bastardo mató a sangre fría al novio de su madre, se casó con Auror