AMELIA LEAL
—¿O qué carajo está pasando aquí?
La voz de papá hace que Pedro se aleje bruscamente y yo respiro más tranquila, dando gracias al Santísimo por eso. Miro agradecida en dirección a mis padres, pero todo lo que veo es su rostro hosco aún más cerrado, serio, completamente iracundo.
— Pedro, ven a mi oficina.— dice mi papá, su voz calmada desmiente su expresión facial. Pasa como un cohete a nuestro lado y cierra la puerta de la oficina. Pedro besa al hijo que todavía está en mis brazos y