Capítulo 42 —De rodillas
Narrador:
El silencio se había instalado con fuerza en la habitación. No era incómodo, pero sí denso, inevitable. Las sábanas aún estaban desordenadas, con el olor del se*xo flotando en el aire y el eco de sus cuerpos aún vibrando en la piel.
Desirée estaba acostada de lado, con la mirada fija en la pared. Cédric seguía junto a ella, sin tocarla, respirando despacio.
Después de un rato, él rompió el silencio con voz baja:
—Tengo que volver.
Ella no se giró.
—Haz lo que q