243. ALERGIA
Julián se quedó mirándome fijo, luego me abrazó y besó. Y como si de una niña a la que hay que enseñarle con calma cada cosa me dijo.
—Soy un espíritu que puede deambular con solo pensarlo. No lo olvides, llegué a la iglesia a ver por qué habían sonado las campanas pidiendo auxilio como lo hicieron.
—¿Y de qué se trata?
—No pude saber exactamente de qué se trataba, pues el padre Bartolomé estaba oficiando una misa, y cómo no iba en el cuerpo del capitán, no pude hablar con él. Pero vi que t