229. AVISO
La señora Luz que me seguía sirviendo en silencio y caminaba detrás de mí para donde quiera que yo iba, me escogió un increíble vestido que sacó del fondo del escaparate de mi abuela. Era de un color verde claro que hacía que mis ojos se viesen todavía más verdes de lo que eran, y hacían una completa armonía con mis prendas de gotas de agua y me preguntó donde había colocado el anillo, le dije que lo había guardado porque me dolía el dedo.
Me miró de una manera extraña, pero no dijo nada,