Pero piensa que no es la hora todavía para decir nada. Por lo que le da la espalda y comienza a hablar con los obreros sin contestar al padre Bartolomé, que espera con infinita paciencia que él termine su trabajo y regrese a su lado.
—Padre, lo único que tengo que decirle a eso que me acaba de decir, es que solo cuido por el momento de la señorita Ángel, y que lo seguiré haciendo el resto de mi vida, y más. Aunque le agradezco esas palabras.
—Perdone usted Tata Julián, pero quería hacerle llega