Bajo las escaleras y como siempre, me lo encuentro atareado en el jardín. Lo llamo y le explico lo que quiero. Le pregunto por Julián y me dice que lo había visto en compañía de unos obreros rumbo a la salida. Sé que le dije que lo haríamos todo juntos, pero la curiosidad me mata.
Entramos en el despacho, estaba ocupado con el abogado que al verme se ha puesto de pie diligentemente, le he pedido que por favor nos deje a solas; sin mucho esfuerzo Aurelio ha movido el gran reloj que sigue dando