149. ÁNGEL
No sé qué pasaba conmigo, pero me sentía eufórica, y sin importarme las señoras que se dedicaban ha hacerme cualquier cosa que fuera aquello que me hacían, estreché muy fuerte a Julián, que mantenía su figura de anciano y sin más lo besé. Todas se quedaron mirándonos en silencio, y de pronto ante mis ojos desaparecieron. Para mi asombro, ni me asusté ni les di importancia, recosté mi cabeza en su pecho y cerré mis ojos, me sentía feliz y segura.
Unos suaves toques en la puerta me hicieron leva