136. ACEPTACIÓN
Ya habíamos llegado al aula y aunque les parezca imposible, delante de mis ojos volvió a ser el anciano Tata Julián. No dije nada, lo observé adentrarse en el aula con sus pasos cortos y cansados, apoyado en su enorme bastón, y yo dirigí mis pasos al salón de juego, incorporando al juego y charla del padre y los niños.
La noche avanzaba y seguíamos escuchando las hermosas historias que nos relataba de su trabajo en la villa con todos los niños y habitantes del lugar. La clase hacía mucho que