129. PADRE
—Vamos, siéntate, te trajimos el almuerzo. No debes dejar de comer, sabes que enseguida enfermas.
No dije nada, hice exactamente lo que ellas me pedían. Giré mi cabeza tratando de ver donde se encontraba Julián, no sé cómo, pero podía sentirlo cerca. Y fue entonces cuando vi, que la puerta detrás del espejo estaba entreabierta. Comí en silencio sin ser interrumpida por las hermanas. Tomaza me había hecho una rica crema de vegetales, la comí toda sabiendo que si no lo hacía ellas me obligarían.