117. ABUELO
Ambas hermanas se quedaron observándome, pero no les digo más. Ellas lo entienden y no preguntan. Me cuentan las cosas que hicieron con los niños en lo que me encontraba en el despacho. Las escucho en silencio. La lluvia no dejaba de caer, y el tiempo seguía estando tenebroso. Un gran rayo hace que saltemos asustadas.
—Creo que subiré a mi cuarto, me siento extenuada —confieso.
—¿No irás a dormirte otra vez unos cuantos días? —pregunta sor Inés.
—No, me siento bien. Pero si te preocupa, ve a v