Regresar a la Villa Echeverría después de lo ocurrido el día anterior resultó mucho más difícil de lo que Juliana imaginó. Apenas cruzó la entrada de servicio sintió que algo dentro de ella se tensaba, como si su cuerpo recordara antes que su mente el agua fría recorriéndole el rostro, el golpe de sus rodillas contra el suelo y las palabras de Isabela recordándole que jamás debía olvidar quién era ni el lugar al que pertenecía. Aun así, se obligó a continuar. Saludó al personal, dejó su bolso e