Sebastián no recordaba la última vez que una situación tan sencilla había conseguido mantenerlo distraído durante tantas horas. Había enfrentado negociaciones complicadas, decisiones que involucraban millones de dólares e incluso momentos en los que el futuro de la empresa había dependido de su capacidad para mantener la calma bajo presión. Sin embargo, esa noche, sentado frente al escritorio de su habitación, con varios informes abiertos en la pantalla de su computadora, no lograba concentrars