Faltaban apenas diez minutos para la hora acordada cuando Sebastián estacionó el automóvil cerca de Bayfront Park.
Durante todo el trayecto ninguno de los dos había pronunciado una sola palabra. No porque no tuvieran nada que decir, sino porque ambos estaban demasiado concentrados en lo que estaba a punto de ocurrir. Habían llegado hasta ese momento imaginando cientos de escenarios posibles, pero ahora que la hora de recuperar a Amanda estaba tan cerca, la incertidumbre parecía pesar mucho más