Emily tragó saliva, se trataba de nada más ni nada menos que de Margaret, la esposa del hombre que amaba, su fulminante mirada se encontraba clavada en la suya, aquel momento además de ser incómodo era vergonzoso.
—Suéltame, me estás causando daño —exigió Emily mientras que buscaba liberarse.
—La única que está causando daño eres tú, acaso crees que tus acciones no me están hiriendo, te estás metiendo en mi relación, sedujiste a mi esposo y mi matrimonio se está viendo afectado, eres la causan