Mundo ficciónIniciar sesiónLa fotografía llevaba dos horas apoyada contra el archivero, mirándola.
Valeria no había vuelto a tocarla. Había seguido revisando carpetas con una metodicidad que se parecía al autocontrol pero que en realidad era otra cosa: el instinto de quien sabe que si se detiene a pensar, no podrá volver a moverse. Cuatro horas de madrugada. Cuatro horas de polvo y fechas y nombres escritos con la letra apretada de su abuelo. Y entonces, en el fondo del







