El sobre seguía en la mochila de Valeria, doblado con cuidado como si el papel pudiera romperse, como si los resultados pudieran cambiar si se maltrataban demasiado. Llevaban cuarenta minutos en el camino cuando ella dejó de mirar por la ventana del jeep y decidió no mirar nada en absoluto.
Gael conducía sin hablar. Lo había hecho desde que empacaron, desde que ella recogió sus pocas cosas con movimientos precisos y mudos que no dejaban espacio para preguntas ni para disculpas. Él tampoco las o