Se movió incómodo.
—Yo... —vaciló y alzó un poco el mentón, como si necesitara más altura para mantenerse firme—. Quería hablar contigo.
—Estoy ocupada.
—Ya lo veo. Solo... dame un minuto.
Su voz era más baja ahora. No sonaba autoritaria; parecía... inseguro. Eso no era propio de él.
Callum nunca hacía nada sin estar seguro. Respiró hondo.
—Lo siento. Por lo de antes. Por haberte lastimado.
Parpadeé, sorprendida. Eso... no me lo esperaba.
—¿Por qué? —pregunté con frialdad, sin mostrarme