—¿Quién? —Entrecerré los ojos.
—Zane.
Parpadeé.
—¿Zane?
Mia asintió.
—El que entra y sale por las ventanas y tiene tres exnovias en cada pasillo. Ese Zane.
Gemí.
—Por supuesto que no.
Mia soltó una risita.
—Sí, ya sé. Imaginé que no te agradaría.
—No me gustan los coquetos que convierten el afecto en un juego.
—Puede que dentro de poco no te quede otra opción.
Fantástico.
Para despejarnos un poco, Mia y yo fuimos hasta la máquina de aperitivos del comedor mientras pensábamos qué elegir