El golpe volvió a escucharse.
Más fuerte esta vez.
El sonido metálico retumbó por todo el edificio como si alguien estuviera golpeando la puerta principal con un ariete.
Santiago levantó su arma inmediatamente.
—No tenemos mucho tiempo.
Adrián caminó hacia la ventana y miró hacia la calle.
—Tres vehículos negros —dijo en voz baja—. Sin placas.
Mateo maldijo entre dientes.
—Son ellos.
Valeria sintió cómo el miedo intentaba apoderarse de su pecho, pero lo empujó hacia el fondo de su mente.
—¿Hay