El túnel quedó en silencio.
Solo se escuchaba el eco distante del agua cayendo por alguna tubería vieja.
Víctor Salazar estaba frente a ellos, con las manos relajadas en los bolsillos de su abrigo negro, como si aquella situación fuera una simple conversación y no un encuentro con personas armadas.
Santiago no bajó el arma.
—Un paso más y disparo.
Salazar lo miró apenas un segundo.
—Si realmente fueras a disparar… ya lo habrías hecho.
Santiago apretó la mandíbula.
Valeria dio un paso al frente.