—Zarah…—Tabar carraspeó. La incomodidad en su semblante era evidente. En contraste, Ada sonreía de pie a su lado.— Mi Señora, usted jamás me interrumpe. Siempre es bienvenida aquí en mi oficina.— Zarah sonrió débilmente sin responder. No lograba que las palabras salieran de su garganta. Fue Tabar quién rompió el incómodo silencio— Veo que fueron a cazar.
—Si — Respondió cuando al fin encontró su voz.—Said y yo estuvimos todo el día en el bosque. Fue por eso que no pude acompañarlo a almorzar c