MAGICOS ENIGMAS
La coherencia de Tabar comenzó a flaquear ni bien entró a los aposentos de su esposa. Sus ojos no podían separarse del hermoso cuerpo de Zarah ni por un segundo. Un magnetismo inexplicable lo había arrastrado a recorrer con sus dedos en una caricia la piel desnuda de la espalda de su mujer. Su lengua había actuado por propia voluntad al obligarlo a confesar lo mucho que su belleza lo deleitaba, pero sus pies volvieron a tocar la tierra cuando vio esa expresión de resignación en los ojos de la mu