Capítulo 9.
Simone.
Sin más, Edmond lo toma de su chaqueta y levanta el puño para golpearlo. Mi cuerpo se mueve al instante, sosteniéndole el brazo para que no pueda acertar. Jerome se logra zafar de su agarre, por lo que el puñetazo queda en el aire.
—¡Basta ya! —le grito—. Si lo tocas nunca te perdonaré.
Él se detiene, su mirada dorada, filosa, corta con la mía. Acerca su rostro, su respiración indignada me araña el rostro.
—¿Lo estás defendiendo?
—¡Sí, lo hago! Intento no que desgracies el cumpleaños d