Punto de vista de Elena
Unos minutos después, la puerta del coche se cerró de golpe tras sentarnos, encerrándonos en una cápsula de silencio con aroma a cuero
Fijé la mirada en el salpicadero, con las manos tan fuertemente apretadas sobre el regazo que las uñas me dejaban marcas en forma de media luna en las palmas. Todo mi cuerpo vibraba con una frecuencia grave y zumbante de humillación y rabia que parecía que iba a sacudirme los dientes del cráneo.
Treinta minutos.
Eso fue lo que había dicho