Capítulo 60. Su verdad.

La mañana ya se había mostrado en todo su esplendor en el cielo de Seattle, pero Adrian y Elena, aunque se habían despertado hacía poco, aún no deseaban alejarse el uno de otro. Permanecían acostados en la enorme cama, desnudos y abrazados, y algo adoloridos por el sexo.

La tranquilidad era errática, como una marea suave que llegaba sin agitación a la orilla y con lentitud se retiraba. Estaban juntos, eso era algo que a ambos les importaba, pero no sería por mucho.

Lo peor era que ninguno sabía
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