Capítulo 12. Un hombre violento.
Elena regresó con los niños al jardín intentando parecer tranquila. Por fuera, sonreía, respondía a Leo, vigilaba a Max y seguía con atención las observaciones silenciosas de Theo, pero por dentro, su mente era un torbellino que no lograba acallar.
El beso, la conversación posterior, la llegada del contador llamándola por su nombre, y, sobre todo, la forma en que Adrian la había defendido.
«No preguntó nada, no mostró sus propias dudas, solo me ayudó a salir de aquel aprieto», pensó mientras ay