Cap. 125: De traiciones y víboras…
Marie bajó la mirada, con una sonrisa forzada.
—Solo es cansancio. He dormido poco, eso es todo.
Emma no respondió. Le acarició la mano con suavidad.
—Te estás esforzando demasiado, mi amor. Entre el trabajo, tus cosas… no eres de hierro. Si algo no va bien, quiero que me lo digas.
Marie tragó saliva. Por un segundo pensó en hablar, en decirle que algo le revolvía el estómago desde hacía días, que se mareaba sin explicación. Pero no quiso preocuparla.
—Estoy bien, de verdad —repitió.
Emma le sos