Ella apenas logró dar un paso cuando Odell la agarró de la muñeca por detrás y la atrajo hacia su cuerpo.
—Mírate, estás celosa. ¿Qué quieres para cenar? —dijo con una mirada encantadora en sus ojos.
Sintió sus mejillas arder al rojo vivo.
—¡Tú eres el celoso!
Él le dio unas palmaditas en la cabeza y volvió a preguntar con paciencia:
—¿Estofado o comida callejera?
Ella hizo un puchero y decidió.
—Estofado.
—Está bien, de acuerdo.
...
Después de que terminaron su cena, eran