Al ver que Flint parecía que no estuviese a punto de llorar, Sylvia trató de colocarlo en los brazos de Odell.
De repente, el pequeño se acostó obedientemente sobre el pecho de Odell tan pronto como este se puso en sus brazos, sin llorar ni hacer nada de escándalo.
Sylvia se rio, alegre.
—Odell, te ha aceptado.
Odell sonrió y tarareó.
—Bien, al menos sabe que tengo instinto paterno.
Abrazó suavemente a Flint hasta que el bebé se durmió sobre su pecho.
—¿Paterno? —Sylvia trató de l