Después de un largo rato, finalmente le soltó los labios y le permitió jadear en busca de aire.
Ella se apresuró a jadear. Cuando por fin recuperó el aliento, lo miró con odio.
Odell le acarició la cara. "No hace falta que busques excusas. Lo entiendo".
Él sonrió.
Sus labios se curvaron, pero Sylvia notó la sensación de inquietud que había detrás. Sus palabras también estaban llenas de amenaza.
Ella creía que si seguía desafiándolo, él sucumbiría a su deseo y la forzaría en el coche.