El día pasó mientras Sherry se sumergía en su trabajo.
Al anochecer, Sherry salió de la oficina y vio su auto blanco estacionado en la calle.
Bajando la ventanilla, Caprice asomó la cabeza y gritó:
—Mami...
La adorable expresión calentó a Sherry más que la brisa de la tarde.
Acelerando sus pasos hacia el auto, Sherry abrazó a la niña y le plantó un beso en la mejilla.
Caprice se rio, correspondiendo el beso de su madre. Jugaron un rato antes de que Sherry soltara a la niña. Luego d