El grito repentino de John sobresaltó al conductor, lo que lo impulsó a entrar en acción.
—Sí, señor, de inmediato.
Caprice se desplomó en su asiento, abrumada por la situación.
Ella lentamente se acercó a John, envolviendo sus diminutos brazos alrededor de los de él. —Papá, ¿es una mala persona? Por favor, no te enojes, prometo no volver a hablar con ella.
En un momento de claridad, John se dio cuenta de que debía haberla asustado con su repentino arrebato. Sostuvo a Caprice cerca de su