John la acunó en sus brazos y, al poco tiempo, desaparecieron del balcón.
Una sensación de deflación se apoderó de Sherry cuando la tensión que se había apoderado de su cuerpo fue liberada, reemplazada por un profundo vacío.
Se sentó en el suelo, repitiendo mentalmente la escena que acababa de presenciar, su rostro era un retrato de ansiedad.
Ese desgraciado John, para su sorpresa, fue un padre excepcional para Caprice.
Este amor paternal le parecía completamente ajeno a Sherry, dada su