El amplio dormitorio volvió a quedar en silencio.
Posiblemente debido al frío en el aire, un escalofrío incontrolable recorrió su espalda. Anhelaba la presencia de su esposa a su lado.
En los últimos años, cada vez que había aparecido una enfermedad, ella había estado allí, su cuerpo cálido y tierno ofrecía consuelo. Ahora, todo lo que tenía era el frío abrazo del aire y el vacío a su lado.
Con un profundo suspiro, frunció el ceño.
En ese momento, un golpe resonó en la puerta.
—¡Papá!