El ceño de Janine se frunció mientras escuchaba atentamente al otro lado del teléfono. La preocupación y la ira surcaron sus rasgos, visibles incluso a través de la llamada de voz.
Su ansiedad estaba enraizada en el bienestar de Shannon, mientras que su resentimiento estaba dirigido a Sherry, y su frustración estaba enraizada en su asombrosa deuda de ochocientos millones.
Después de contemplar la situación, finalmente habló:
—Shannon, no te preocupes. Vigila a esa chica y asegúrate de que