Para cuando llegaron a la casa, Kitt ya se había quedado dormido.
Se veía como todo un angelito, y muy tranquilo, casi en paz, pero su respiración era algo irregular, clara señal de que su enfermedad seguía ahí, y a Kate le daba miedo de que empeorará por todo el estrés que había pasado, aunque por suerte no había inhalado mucho humo del incendio, así que no fue necesario llevarlo de regreso a la clínica.
Al llegar, los dos adultos salieron del auto y se acercaron a hablar con los dos policías